Cosechando un viaje 🌾

Newsletter #10 📃

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Mi Camino

Creando Quien Tú Eres

He regresado de mi viaje de 2 meses y medio.

Un viaje de tres momentos profundos.

Y me nace compartirles lo más preciado que coseché.

Grecia, Chipre y Malta

  • Experimentando el pasado: Grecia fue una experiencia que tocó algo profundo en mí. Sentí cómo la historia antigua me acogía, me perdí en la sabiduría de los grandes filósofos, vibré con el espíritu de los primeros Juegos Olímpicos y me envolví con la majestuosidad de sus playas y arquitectura. Todo se sintió como un abrazo de un pasado que aún late fuerte en mí.

  • Honrando mi nombre: Una de las experiencias más significativas fue honrar mi nombre con mi cumpleaños #35 en Grecia. Dimitri, tiene raíces Griegas y proviene de la Diosa Demeter (Δημήτηρ), de la agricultura y la cosecha. Un nombre que le sucurré a mis padres, que siempre he amado y que busco honrar en cada semilla que siembro en mi camino.

  • Desempolvando la historia: Malta guarda secretos que desafían lo conocido. Al caminar entre los megalíticos templos de más de 10,000 años y ver su alineación precisa con las estrellas, presencié algo mucho más antiguo y avanzado de lo que los libros de historia cuentan. Fue tocar una verdad olvidada.

5 Países Balcanes

  • Recorriendo una joya poco hablada: La península balcánica me cautivó de una manera inesperada. Atravesar sus montañas llenas de historia, fluir entre su diversidad cultural y dejarme llevar por la naturaleza fue un recordatorio de la belleza que reside en este puente entre Europa y Asia.

  • Sintiendo los ecos del dolor: Lo más impactante de mi tiempo en los Balcanes fue ser testigo de las cicatrices invisibles que dejó la guerra yugoslava (1991-2001). Las heridas profundas de masacres, genocidios y más pude sentirlas en los rostros y en las palabras no dichas. Aunque la guerra terminó hace años, sus ecos siguen presentes en las personas: algunos cargando el miedo, otros tratando de sanar y muchos escapando de ese pasado aún presente.

  • Conectando con energías duales: Bosnia y Herzegovina fue el país que más me sorprendió y con el que más conecté. Experimenté una tensión entre su sufrimiento histórico (fue el país más afectado por la guerra) y la belleza de sus paisajes (como manantiales vírgenes o piramides antiguas). Se percibía una energía dual, donde el dolor que aún persiste se mezcla con la paz que emana sus lugares sagrados.

Juegos Olímpicos y Turquía

  • Recordando la humanidad: Los Juegos Olímpicos son uno los eventos más unificadores que revelan nuestra naturaleza humana. Ver a los atletas fue observar un reflejo de la humanidad: sueños que se materializan, errores que enseñan, victorias que se celebran y lágrimas que sanan. Fue un regalo invaluable para recordar que lo que realmente nos une es el sincero amor y la genuina voluntad.

  • Abriendo la puerta de Oriente y Occidente: Turquía fue más que un destino; fue una experiencia que nos envolvió todos los sentidos. Sentimos la majestuosidad de sus mezquitas, saboreamos su exquisita comida, vibramos con el baile sagrado de sus Sufis y volamos por sus impresionantes tierras de Capadocia. Un país que nos abrazó con su calidez y nos dejó un gran sentimiento de gratitud.

  • Tomándonos de la mano: Turquía y los Juegos Olímpicos fueron el telón de fondo de algo mayor: la verdadera magia estuvo en quien me acompañó. A pesar de habernos conocido hacía poco, ella confió en mí y nos aventuramos a viajar juntos. Fluimos en cada lugar y en cada paso nos conectamos de manera sincera y profunda. Hoy seguimos tomados de la mano para caminar lo que el mañana nos ofrecerá.

Fue no sólo un viaje.

Es el comienzo de mucho más.

Una cosecha que nutrirá aún más mi camino.